lunes, 10 de marzo de 2008

Vi una estrella brillar


Y la confundí contigo.
Pensé que era la ilusión de tu historia feliz.
Decidí alcanzarla aunque era ya de madrugada, pero la estrella seguía ahí.
La confundí contigo porque iluminó mi noche oscura, mi sublime pensamiento,
la confundí contigo porque me transmitía ternura.
Le puse tu nombre.
Y así cada mañana te me escondes, y quedas sólo en mi pensamiento.

En el límite de la impaciencia

http://chiodelmar.blogspot.com

sábado, 8 de marzo de 2008

Sound off

La autopista no deja de envolverme con el ruido de los autos. La lluvia grita estrepitosa y amenazante a la vez. El sonido extraño de la noche invade la nostalgia del recuerdo; perturba el silencio.
Necesito que me abandone el sentimiento.
Necesito que me abrace su sombra de nuevo.
Necesito desconectarme del mundo.
Necesito un botón para poner mi vida en sound off.

sábado, 23 de febrero de 2008

Wilde Vs Poe, y del Dorian Gray


Con la habitación a media luz se perdía en su reflejo. Había un rostro que no le era familiar, una cara marcada por los surcos de los años. El rostro estaba teñido de un pálido verduzco, ojeroso y sucio. Se sintió fea. Por primera vez en su vida se observó con los estragos de la naturaleza humana, fea como si cada insulto proliferado por su boca le hubiera carcomido el alma. Pero no era su alma lo que se destruía, si no su cara. Su belleza exclusiva perdía nitidez. Le afloraba el alma. Era fea y se odiaba al natural.

Le asustó el propio miedo. Sintió que la muerte era su amiga y la sedujo. Corto sus brazos, más no sus venas. La imagen era espectral. Una suave brisa entró por su ventana. La dejó a oscuras. Lá dejó sin miedo. La oscuridad había borrado su reflejo.

Despertó en medio de la noche. Sudaba helado. Buscó una vela y la encendió. Ahí en el espejo estaba el reflejo de una mujer hermosa. Alguien de deslumbrante belleza. Sintió un ardor recorriéndole los brazos. La sangre escurría. Ella Gritó.

sábado, 2 de febrero de 2008

Encuentro de una noche


Estábamos solos. Yo cerré la puerta tras de mí y en ese instante el cuarto se hizo más grande. Sentía en el vientre una sensación extraña y él corazón acelerado quería salirse de mi pecho. Me besaste. Sabías perfectamente que mi sangre se estaba convirtiendo en mi enemiga y que me estaba quemando por dentro. Me besaste y con tus labios calmaste mis ansias; los poros de mi cuerpo se erizaron. El roce de tus labios era como una droga que me llevaba al éxtasis; acariciaste con ellos cada rincón de mi cuello. Mis pezones saltaron como si demandaran caricias de su dueño. Tus dedos jugaban con los botones de mi blusa y tus labios seguían acariciando mis hombros.

Mis manos se volvieron torpes. Estaba indefensa ante tí. Traté de levantarte la camisa y me fue imposible. Con cada beso y cada caricia me ibas dejando sin fuerza. Lograste abrir el primer botón y mi sostén quedó descubierto. Bajaste lentamente mientras la blusa iba cediendo ante tu calor. La deslizaste por mis hombros hasta que quedó en el piso. Me besaste de nueva cuenta y mis labios se estremecieron. Mi cuerpo se estremeció. Delineaste con tus palmas todo mi cuerpo y lograste que mi falda cayera. Me tenías ahí, de frente.

Como por hipnosis me hiciste tuya. Sin tocarme. Me entregué a tí en la imaginación.

Me desnudé para ti. Sólo para ti. Y sentí tus ojos recorrerme de pies a cabeza. Me sonrojé, me sentía indefensa. Pero era tuya, tuya y de nadie más. Sentía tus caricias llenas de ternura a pesar de que estabas a más de dos metros de mí. Lo noté en tus ojos. Me deseabas. Deseabas mis besos, deseabas mi cuerpo. Y no te moviste. No decías nada, y eso me excitaba.

No hiciste más. Me contemplaste como a la Venus, al natural. Memorizaste cada curva de mi cuerpo. Era tuya, estaba a tu merced y lo sabías. Te acercaste, como aquel predador que acecha su presa. Me viste a los ojos. Era tuya, desde ese momento y para siempre; tuya.

Estaba rendida a tus caricias, me hubiera entregado a tí con sólo pedirlo. En cambio, rozaste mi mejilla, sonreiste y me besaste. Me besaste de la manera más tierna y más pura. Me besaste como nadie lo había hecho nunca. Me miraste de la forma en que nadie lo haría jamás. Abrazaste mi cuerpo. Me arropaste y sólo me dijiste al oído: Te amo.

lunes, 28 de enero de 2008

La otra



Te deseo. No porque mi piel lo pide, si no porque mi alma lo añora.
No porque mis labios me exijan tu cuerpo, si no porque mi amor lo espera.
Te deseo. No porque mis entrañas ardan en celos al verte con otra.
No porque estés con ella, si no porque sé que soy yo la otra.

miércoles, 23 de enero de 2008

Fantasmas

- ¿Te das cuenta que estás dejándolo ir?

-- Lo sé.

- ¿Por qué no reaccionas, haces algo?

-- Porque no quiero.

- Eso que sientes es un amor enfermizo que te ha carcomido los sesos

-- Me ha carcomido el alma, no los sesos.

- ¿Y por qué sigues aferrada a él?

-- Por la misma razón que él sigue aferrado a ella.