Escalofríos recorren el cuerpo y se pasean por todo el ambiente como espectros que divagan de un tiempo a otro en bosques perdidos. Los pensamientos se congelan, sin pasado ni presente. A medio camino observo mi reflejo y en él sólo veo un rostro demacrado, sin gracia y carente de latidos. Una imagen cadavérica me miraba desde el otro lado y parecía conocer la certeza de lo inminente. Solo existe negro, el aire desaparece, nada falta, nada sobra y los pensamientos se van.
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