lunes, 9 de febrero de 2009

Hablando de servicios públicos

Vivimos en un país en donde la desidia es el sustento de cada día. Los asaltos ocurren en horas concurridas y nosotros no hacemos más que cerrar los ojos y taparnos los oídos. Preferimos no ver, no escuchar, y sentimos, así, que nos curamos en salud de la culpa. Entonces me pregunto, ¿somos indiferentes por naturaleza o por cultura? ¿Acaso en otros países también "se callan los oídos para no ver"? Así somos, pero eso no quiere decir que no somos capaces de cambiar para bien.
En México ocurren muchas cosas de las que deberíamos avergonzarnos y no lo hacemos. sector público o privado hay mucho por hacer y nada de ganas para hacerlo.
Me reservo el comentario del video siguiente que circula a manera de cadena:

¿Te reíste? Y pensar que en lugar de risa deberíamos sentir pena, porque esto es nuestro país y, por tanto, lo que somos.

jueves, 5 de febrero de 2009

Desempolvando los recuerdos

El ritmo acelerado con el que se me va la vida me había mantenido enfocada en el mañana, en el año que viene o en la década que pasará. Llevando papeles de aquí a allá, abriendo una caja y cerrando otra más me topé con mi pasado.
Fotos, cartas, boletos, objetos y demás... Me dolió verme como una extraña en esas fotos. Veía a una persona que no conozco, que conocí en mi pasado pero que ya no soy capaz de identificar. Una risa acalorada, un traje de hawaiiana y decenas de rostros que probablemente no vuelva a ver en toda mi vida.
Canciones viejas, escritos ancestrales en mi corta existencia; un amor que no fue, un corazón roto, un dolor ajeno y una mirada triste. Otra sonrisa coqueta, una travesura descubierta, una broma no hecha y un regalo no dado... tantas cosas que forman mi pasado...

Quisiera atesorarlas, juntar todo en un cofre y guardarlo con recelo, pero es imposible, porque las cosas físicas desaparecen tarde o temprano; se pierden.

Me quedo con las memorias que habían estado guardadas por tanto tiempo y que hoy, y sólo hoy me ayudan a desempolvar los recuerdos...

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Sombras

Recuerdo el color de sus ojos, su olor a colonia impregnado a tabaco. Recuerdo cada milímetro de su rostro. Tengo la imagen de su silueta y en mi mente se dibujan sus ademanes. Su forma de asentir a manera de complicidad. Su mirada inocente preguntándose ¿qué será de lo nuestro?

Me adueño de su figura y se convierte en algo más real que una idea. Aún siento sus manos suaves acariciando mi mejilla, tocando mi barbilla. Me pierdo en los recuerdos pero en cada uno de ellos aparece él.

Sus ojos, sus manos, su aroma... Todo un mero recuerdo...
Te extraño...
Me duele.

lunes, 6 de octubre de 2008

viernes, 19 de septiembre de 2008

Me quebraste la sonrisa

¿Cómo le enseñas a un corazón a ser amado?
Nada es fácil. Ni las sonrisas, ni las miradas, ni los abrazos
A un corazón sediento de ternura le diste dulzura para beber, le arropaste en tus brazos y le protegiste del cruel invierno de tu sombra.
Sabía mis riesgos, como aquel condenado a muerte que camina por el pasillo que le llevará hacia su lecho de muerte. Así caminé hacia ti, hacia tus brazos. Tus palabras que eran dulces se clavaron como espinas en mis ojos, me hicieron llorar. Me desvaneciste la Fé y pisoteaste mis sueños rotos. No lo notaste. Ni siquiera lo percibiste. Me arrebataste de una el aire que respiraba y que me mantenía con vida. Malherida, arrastrándome por el sendero de la felicidad, intentando llegar a puerto seguro, me arrancaste la fuerza. Tu mirada necia me desposeía a jirones las ganas de reir. Tenía miedo de lo inminente y aún así guardé una llama de serenidad que me abriera paso entre los senderos oscuros de la inocencia. Me perdí.
Tenía tanto miedo de tu ausencia, y ella ya me acompañaba desde hace tiempo.
Tengo el alma adolorida de tanto pelearme con ella. Te defendía y me aferraba a lo no existente.
Lo no existente es lo que tanto cala. Tanto me duele que las ganas de reir se han ido. Me quebraste la sonrisa.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Estigma del corazón

Al abrir los ojos respiré tu nombre.
La mezcla de alcohol y fragancia
drogó mi mente al hablar
Me besaste con pasión

Quería decirte tantas cosas
la noche nubló mi razón
quítame esa marca del alma
quítame el estigma del corazón

Róbame los sueños rotos
que en tus ojos resguardé
con un beso sella el tiempo
la noche, el día y el edén

Tenía miedo de quererte
y sin reservas te amé
hoy no quiero perderte
me dueles, lo sabes, ámame.

Tócame sin tiempo ni espacio
la física no entiende del amor
nubla el pensamiento de esta noche
acaríciame con versos y pasión.

Quería decirte tantas cosas
la noche nubló mi razón
quítame esa marca del alma
quítame el estigma del corazón

sábado, 16 de agosto de 2008

En el abismo del recuerdo

Pareciera que fue ya hace muchos años. Tengo el recuerdo de tu rostro con esa mirada dura; el sinsabor en la boca del recuerdo de esos besos no dados. Tengo las esperanzas rotas y los sueños desgastados; y en la sombra de la calle guardo un trozo de melancolía. Tus ojos me lo han dicho todo, y se clavaron como espinas en los míos; me hicieron llorar. Me congelaste el alma y me convertiste en piedra. Me has vuelto un ser inerte que no responde a los estímulos de la agonía. Mi cuerpo ya no vive, y aún así me duele.

Pareciera que fue ya hace muchos años cuando me reflejaba en la ternura de tus ojos, cuando sentí que tus brazos me envolvían y mis respiros te pertenecían. Eras mi motivo y así me convertía yo en el tuyo. Hoy no soy nada. Me siento nada. No soy más que una roca desgastada, de esas que pierden la aspereza con el roce de las olas. No soy nada, y en mi letargo sólo pronuncio tu nombre. Mis labios no conocen otra palabra; sólo tu nombre. Pero soy nada, y en la nada se pierde mi esencia. Yo perdí.