sábado, 7 de marzo de 2009

martes, 17 de febrero de 2009

Entre el insomnio y buenas noches

Estando en la oscuridad total, intentando cerrar los ojos y apagar mis oídos para dormir, el sonido de un helicóptero interrumpio esa sinfonía de silencio que me conducía hacia los brazos de morfeo. No sólo me espantó el sueño, sino que puso mi mente a trabajar (Al fin y al cabo que no necesito que me den cuerda para ponerme a debrayar).

Mi imaginación se fue y, así, como por arte de magia, apareció un recuerdo en mi mente. Un recuerdo que tenía tan escondido que hacía años que no me venía al pensamiento. Un recuerdo que no coincide ni en tiempo, ni en presencia, pero sí en lugar.

Dicen por ahí, que cuando recordamos, siempre hay un desencadenador que estimula el cerebro, justo esa parte que dicen que sirve para el recuerdo. Bueno, en esta ocasión, puedo asegurar que no es así. No hubo un sonido, ni un aroma, ni siquiera un sonido que me transportara a ese recuerdo lejano que ya éra más difuso que claro. Frecuento el lugar, así es, pero frecuento ese lugar desde hace casi cuatro años y nunca había removido ese recuerdo.

Lo más curioso de todo fue que ese recuerdo me hizo recordar más que el instante, me hizo recordar todo ese día, ciertas conversaciones que tuve, situaciones en las que me encontré y es extraño. Extraño porque la mayor parte de todos los personajes de mi recuerdo han desaparecido de mi vida, y aquellos que no desaparecieron no se encuentran en estos momentos a mi lado.

Recodar fue raro. Fue como un boost de adrenalina que recorrió todo mi cuerpo y claro, ahora me debato entre el cansancio y el insomnio.
Y a todo esto me pregunto... ¿Qué hace un helicóptero a la una de la madrugada sobrevolando la ciudad? ¿Me puedo quejar en algún lado?

Maldito helicóptero.

lunes, 9 de febrero de 2009

Hablando de servicios públicos

Vivimos en un país en donde la desidia es el sustento de cada día. Los asaltos ocurren en horas concurridas y nosotros no hacemos más que cerrar los ojos y taparnos los oídos. Preferimos no ver, no escuchar, y sentimos, así, que nos curamos en salud de la culpa. Entonces me pregunto, ¿somos indiferentes por naturaleza o por cultura? ¿Acaso en otros países también "se callan los oídos para no ver"? Así somos, pero eso no quiere decir que no somos capaces de cambiar para bien.
En México ocurren muchas cosas de las que deberíamos avergonzarnos y no lo hacemos. sector público o privado hay mucho por hacer y nada de ganas para hacerlo.
Me reservo el comentario del video siguiente que circula a manera de cadena:

¿Te reíste? Y pensar que en lugar de risa deberíamos sentir pena, porque esto es nuestro país y, por tanto, lo que somos.

jueves, 5 de febrero de 2009

Desempolvando los recuerdos

El ritmo acelerado con el que se me va la vida me había mantenido enfocada en el mañana, en el año que viene o en la década que pasará. Llevando papeles de aquí a allá, abriendo una caja y cerrando otra más me topé con mi pasado.
Fotos, cartas, boletos, objetos y demás... Me dolió verme como una extraña en esas fotos. Veía a una persona que no conozco, que conocí en mi pasado pero que ya no soy capaz de identificar. Una risa acalorada, un traje de hawaiiana y decenas de rostros que probablemente no vuelva a ver en toda mi vida.
Canciones viejas, escritos ancestrales en mi corta existencia; un amor que no fue, un corazón roto, un dolor ajeno y una mirada triste. Otra sonrisa coqueta, una travesura descubierta, una broma no hecha y un regalo no dado... tantas cosas que forman mi pasado...

Quisiera atesorarlas, juntar todo en un cofre y guardarlo con recelo, pero es imposible, porque las cosas físicas desaparecen tarde o temprano; se pierden.

Me quedo con las memorias que habían estado guardadas por tanto tiempo y que hoy, y sólo hoy me ayudan a desempolvar los recuerdos...

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Sombras

Recuerdo el color de sus ojos, su olor a colonia impregnado a tabaco. Recuerdo cada milímetro de su rostro. Tengo la imagen de su silueta y en mi mente se dibujan sus ademanes. Su forma de asentir a manera de complicidad. Su mirada inocente preguntándose ¿qué será de lo nuestro?

Me adueño de su figura y se convierte en algo más real que una idea. Aún siento sus manos suaves acariciando mi mejilla, tocando mi barbilla. Me pierdo en los recuerdos pero en cada uno de ellos aparece él.

Sus ojos, sus manos, su aroma... Todo un mero recuerdo...
Te extraño...
Me duele.

lunes, 6 de octubre de 2008

viernes, 19 de septiembre de 2008

Me quebraste la sonrisa

¿Cómo le enseñas a un corazón a ser amado?
Nada es fácil. Ni las sonrisas, ni las miradas, ni los abrazos
A un corazón sediento de ternura le diste dulzura para beber, le arropaste en tus brazos y le protegiste del cruel invierno de tu sombra.
Sabía mis riesgos, como aquel condenado a muerte que camina por el pasillo que le llevará hacia su lecho de muerte. Así caminé hacia ti, hacia tus brazos. Tus palabras que eran dulces se clavaron como espinas en mis ojos, me hicieron llorar. Me desvaneciste la Fé y pisoteaste mis sueños rotos. No lo notaste. Ni siquiera lo percibiste. Me arrebataste de una el aire que respiraba y que me mantenía con vida. Malherida, arrastrándome por el sendero de la felicidad, intentando llegar a puerto seguro, me arrancaste la fuerza. Tu mirada necia me desposeía a jirones las ganas de reir. Tenía miedo de lo inminente y aún así guardé una llama de serenidad que me abriera paso entre los senderos oscuros de la inocencia. Me perdí.
Tenía tanto miedo de tu ausencia, y ella ya me acompañaba desde hace tiempo.
Tengo el alma adolorida de tanto pelearme con ella. Te defendía y me aferraba a lo no existente.
Lo no existente es lo que tanto cala. Tanto me duele que las ganas de reir se han ido. Me quebraste la sonrisa.