lunes, 21 de mayo de 2012

Un pensamiento

Hoy te regalé un pensamiento y tu sencillo recuerdo me hizo sonreír.
Plasmé en palabras lo que no se puede decir a voz abierta y en sueños lo que no tiene derecho a suceder.
Te extraño y nuevamente lo digo como una verdad silente que no llegará a tus oídos.
Te quiero

miércoles, 21 de marzo de 2012

Él y ella

En el preciso momento que ella cruzó la puerta, él supo que la había perdido para siempre.


Los recuerdos, las palabras y las caricias se desvanecieron de pronta manera hasta que no quedó ni siquiera una ceniza que le recordara el calor de su cuerpo. Él experimentó por primera vez el dolor y lo supo porque los ojos se le llenaron de agua y un sabor a sal enjugó su garganta.

Él nunca había vivido la otra parte de la historia, esa página en los cuentos en las que los protagonistas sufren y no encuentran consuelo. Él era siempre quien iniciaba los finales con un adiós áspero, que calaba hasta la sangre, y siempre cerraba la puerta de posibilidades a su salida. Él era quien reía siempre al final del libro y continuaba su vida sin voltear atrás.

Ella en cambio, soñaba día a día con enamorarse del amor. Imaginaba las múltiples formas en las que el destino podría toparle con su príncipe azul y sonreía al sorprenderse soñando despierta. Ella era tierna y enamoradiza, con el pensamiento lleno de ideologías utópicas. Ferviente creyente de que el mundo podía ser perfecto y que para ello bastaba una sonrisa. Ella era en parte mujer, pero con el corazón inocente que tiene una niña de 12 años, quien cree en el vivieron felices por siempre.

Él no intentó detenerla, más por miedo que por convicción, pero ni siquiera pronunció palabra.

Ella intentó no irse, pero el silencio le habló en secreto y le recitó a su mente el sinsabor del desamor. Ella no quería vivir esa parte de la historia y por eso se iba.

Él llora sin saberlo, y suspira, suspira porque la desea y la desea en cuerpo y alma porque la ama. Ella no está.

Ella se arma de valor, y aunque sabe que extrañará sus besos, emprende el viaje, hacia otros labios y otros sueños, a un mundo lleno de nuevas emociones que ella ansía conocer.

Él aún tiene miedo de que ella le olvide.

Ella hoy sonríe porque ya le olvidó.

martes, 21 de febrero de 2012

De primeras veces

Así como cuando se te doblan las rodillas con tan solo verle. Te tomas el tiempo para pensar en qué decir, cómo hacerlo, y elaboras el momento perfecto en tu imaginación. Piensas en cada detalle, en las palabras adecuadas, la mirada perfecta y hasta el aroma del perfume que usarás para ese instante. Calculas fríamente el tono, el ritmo y hasta el tiempo que debe tomarte decirlo, pero nada pasa de la manera en que pensaste. Algo no sale bien o lo que es peor, el momento de ensueño con el que pasaste en vela la última noche se convierte en una pesadilla hecha realidad.

Así son algunas primeras veces y sin más se esfuma la oportunidad y el momento, porque ya no importa el recuerdo que se genere de la segunda o la tercera... Si las primeras veces no fueron de ensueño, el recuerdo será siempre ese. Una pesadilla sin tregua.

De esas primeras veces en las que en la mente tienes el guión completo de una película, en donde sabes exactamente qué responder cuando él pregunte, y conoces incluso las acotaciones que indican de qué forma jugar con el cabello, o cuánto debe durar una pausa. Son esas primeras veces las que nuevamente te producen una sensación de vacío en el estómago y que te ponen los nervios de punta.

Son esas primeras veces...

Pero como de primeras veces ya he pasado a muchas segundas, el recuerdo se queda sólo en eso; un pensamiento.

domingo, 29 de enero de 2012

Sabor a azufre

En ese lugar no había puertas, no había noche ni día; y tampoco transcurría el tiempo. Estaba tan inmerso en mis pensamientos que no me di cuenta en qué momento llegué hasta esa habitación en donde apenas y se respiraba aire. Había un hedor que calaba, porque la piel estaba en carne viva, y la tortura era tan sutil que parecía no tener efecto alguno más allá de la autocompasión. Me sentí débil, y lo que salía de mi garganta no eran más que gritos de ausencia, gritos de silencio que proclamaban para sí: "me estoy muriendo". Lo extraño era que no dolía, y no lo hacía porque parte de la tortura era el no sentir, y perder el recuerdo de lo que fue amar en un tiempo lejano. ¿Acaso fue ayer? ¿hace un mes?, ya lo he olvidado, y en consecuencia ya no siento, ya no hay dolor ni dicha para mí, sólo vacío.

No entendí nunca el por qué de mi eternidad plausible dentro de lo que muchos llaman averno. No lo he entendido porque no merecí una explicación a palabras rotas, ni si quiera con medias verdades. Y todavía me lo pregunto, ¿por qué mi condena la impusiste tú? Nunca lo vi venir.

martes, 24 de enero de 2012

La chica de cabellera azul - Capítulo 1: Aroma a fresas

Ella no sabe que la sigo. No se ha dado cuenta que llevo varias semanas siguiendo sus pasos, como quien va detrás de una mariposa intentando atraparla. No tiene malicia, y la inocencia se le nota a veces en esos ojos verdes que quisiera no dejaran de mirarme. Pero ella no nota mi presencia, voltea como buscando a alguien de vez en cuando, pero en varias ocasiones ha pasado su mirada sobre mís hombros si pudiera ver a través de ellos, y eso me duele.
Siete semanas completas me he mantenido alerta como un vigía y sé dónde ha estado y con quien; aún así ella no sabe nada. Ayer, por ejemplo, iba con una amiga, que parecía más una de esas mujeres que esperan cada noche por alguien. Llevaba una falda de colegio que apenas le llegaba debajo de las nalgas y y una blusa blanca abierta con 4 botones. Tan abierta que sus pechos se asomaban más de la cuenta. En cambio ella es diferente.
Ella siempre con su uniforme de colegio que le llega casi a las rodillas, pero con el cabello suelto, y a veces siento que puedo estar tan cerca que percibo su aroma. Ayer su pelo olía a fresas y mi mano se levantó para alcanzarla. Por primera vez, ella me miró.

domingo, 2 de octubre de 2011

Con los ojos cerrados

Con los ojos cerrados y los sentidos abiertos,
así es como te siento conmigo,
Te necesito aquí a mi lado susurrando a mis sentidos.
Hazme suspirar con el aroma de tu piel
y envuelve con tu voz el tono absurdo de lo insensato.

Con los ojos cerrados y mi mente en tu puerta,
imaginando que la dejas entrar a tu pecho.
Creyendo que puedes creer en lo increíble
y que lo imposible se hace posible,
así tan cerca de lo incierto y de la mano de la certeza te tengo a pedazos.

Con los ojos cerrados te tengo y me confundes.
Acaricio tu pelo y siento que nada existe,
que todo es un sueño y no quiero despertar.
Y confundida te quiero
y me detengo en tu latido rebelde que asoma el secreto callado de tu alma.

Con los ojos cerrados y la mente en silencio te regalo un beso.
Y con una muestra del sentimiento callado de mi pecho
despierto y me veo a tu lado,
con otro rostro y otras manos pero siempre fiel a ti.

lunes, 29 de agosto de 2011

Letargo

Hoy fue uno de esos días.
Uno de esos días en los que la mente se queda en blanco, la vista se pone negra y el alma queda vacía.
Hoy el sopor de la sangre se quita los celos, levanta la esperanza sin sueños y la carne sabe a azufre.
Hoy tengo el peor de los sentimientos clavado en la garganta, ahogado en un grito que no suena y se queda ahí, en el centro del pecho en donde se quema algo por dentro.
Hoy no sé por qué, pero estoy durmiendo y mañana... mañana quién sabe.